Fuerzas de Gadafi utilizan bombas racimo contra Misrata

Crédito: Bryan Denton para  The New York Times

Residentes de Misrata observan el daño a una mezquita en el barrio de Qasr Ahmed.

Por C. J. CHIVERS
15 de abril de 2011

MISRATA, Libia — Fuerzas militares leales al coronel Muammar Gadafi, que han rodeado esta ciudad y comprometidas en aplastar su rebelión contra Gadafi, han estado disparando contra barrios residenciales con armas pesadas, incluyendo bombas racimo, prohibidas en la mayor parte del mundo, y cohetes tierra-tierra, de acuerdo con los relatos de testigos y sobrevivientes, y a evidencia física hallada en terreno.

Tales armas “indiscrimadas” que golpean grandes áreas con una densa sucesión de municiones de alto explosivo, por su naturaleza no pueden ser disparadas con precisión, y cuando lo hacen contra áreas pobladas ponen a los civiles en un grave riesgo.

El uso de tales armas podría agregar urgencia a los argumentos de algunos países de la OTAN, principalmente Gran Bretaña y Francia, de que la alianza debe intensificar los ataques contra las fuerzas de Gadafi, para cumplir mejor el mandato de las Naciones Unidas para proteger a los civiles. Y podría ejercer presión sobre los Estados Unidos, que retiró poder aéreo de la guerra cuando cedió el control de la campaña a la OTAN a principios de este mes.

Cuando se consultó sobre este armamento en una conferencia de prensa en Berlín, la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton dijo que ella “no estaba enterada” del uso específico de municiones de racimo en Misrata, pero dijo, “No me sorprendería en absoluto que el coronel Gadafi y sus fuerzas lo hagan.”

Ella agregó: “”Eso es una información preocupante. Y es una de las razones por las que luchar en Misurata es tan difícil, porque es de cerca, se encuentra en entre las zonas urbanas y plantea muchos retos a la OTAN y de la oposición.”

Las municiones racimo fueron visiblemente utilizadas durante la noche del jueves, en forma de lo que parecía ser disparos de mortero de 120 mm que estallaron en el aire sobre la ciudad, esparciendo bombas de alto poder explosivo a continuación.

Restos de los proyectiles lanzados, examinados y fotografiados por The New York Times, muestra que se trata de municiones de mortero MAT-120, cada una de las cuales transporta y dispersa 21 pequeñas submuniciones diseñadas tanto para matar gente como para penetrar blindaje ligero.

Los componentes de los proyectiles de 120 mm, de acuedo con sus marcas, fueron manufacturados en España en 2007- un año antes España firme la Convención Internacional sobre Municiones de Racimo (Tratado de Oslo) y se comprometió a destruir sus stocks. Libia no es signataria de la convención, mientras que el Ministerio de Defensa español no hizo comentarios inmediatos.

Human Rights Watch, la agrupación de promoción de derechos basada en Nueva York, verificó el uso de municiones de racimo y rápidamente pidió al gobierno de Gadafi que deje de usarlas.

“Es inconcebible que Libia esté usando estas armas indiscriminadas, especialmente en áreas civiles pobladas,” dijo Steve Goose, director de la división armas de la organización. “Las municiones de racimo son armas imprecisas y poco fiables que por su naturaleza ponen en inaceptable peligro a los civiles.”

Las municiones de racimo no son el único sistema de armas pesadas indicriminadas que ponen en peligro a los barrios de la ciudad. Un examen del área donde el jueves cayó una intensa andanada de cohetes cerca del puerto de la ciudad puso de manifiesto que el distrito residencial de Qasr Ahmed fue alcanzado por cohetes múltiples, conocido como Grad, que cayeron como una densa cortina de fuego sobre casas y calles. Un cohete destruyó la pared lateral de una mezquita.

Los cohetes Grad, un sistema de armas de área diseñado por la URSS para saturar un campo de batalla con múltiples explosiones,  eran fácilmente identificados por sus fragmentos enrollados y restos, algunos de los cuales exhiben las marcas que indican que fueron fabricados durante la Guerra Fría. Estos cohetes son disparados desde lanzadores de 40 tubos montados en camiones, de modo que cada vehículo es, en esencia, un sistema móvil que puede lanzar su propia andanada a 12 millas o más.

Uno solo de los cohetes Grad mató a ocho civiles, de acuerdo a sobrevivientes y testigos, que luego mostraron a los periodistas ocho tumbas cavadas apresuradamente en un parque público cercano, donde los familiares oraban por los muertos. Los cuerpos habían sido enterrados junto a los columpios de los niños. Cada tumba tenía la fecha: 14 de abril de 2011.

En conjunto, En conjunto, los ataques del jueves y las pruebas que dejaron, evidencian que la campaña llevada adelante por las fuerzas del coronel Gadafi contra Misrata se basa en parte en armas diseñadas para poner en peligro la vida de los civiles atrapados en su interior. Estos ataques también respaldan los reiterados argumentos de los rebeldes de que en la desigual lucha por Libia, las tropas del coronel Gadafi se han dirigido contra los civiles o, como mínimo, han tomado pocas medidas para evitar riesgos para ellos.

“Es una tragedia humana,” dijo Ali Salem, 40 años, un residente de  Qasr Ahmed, quien describió que sus cuatro hijos ahora luchaban por dormir. “¿Cómo más le llaman cuando bombardean con artillería, cohetes y morteros a las personas que están  durmiendo a salvo en sus casas?”

Crédito: Bryan Denton para The New York Times
Submunición MAT-120 de fabricación española.

El número de víctimas de los ataques con cohetes Grad enmarca también la forma en que los civiles en esta guerra se ven expuestos a la vulnerabilidad. Misurata tiene pocos mercados abiertos, casi sin electricidad y los suministros limitados de alimentos. Para comer, muchos residentes deben permanecer en las colas de pan.

Uno de los cohetes que cayó en Qasr Ahmed explotó al lado de una de esas filas matando a mucha gente que esperaba por comida. “Yo me tiré al suelo cuando comenzaron las explosiones,” dijo Ali Hmouda, 36 años , un empleado del puero. “Mi amigo no lo hizo. Su cabeza  se le salió.”

Informes aportados por Steven Lee Myers en Berlín y Raphael Minder en Madrid.

Fuente: Artículo transcripto del New York Times