Gadafi quiere arrasar Misrata

*Hoy tuvo lugar el bombardeo más intenso de la guerra, que obligó a cerrar el puerto.

*Según habitantes de la ciudad y organizaciones humanitarias, se registraron 23 muertos, civiles en su mayoría.

Al dictador le duele Misrata. No puede tolerar que esa ciudad con más de 550.000 almas siga resistiendo a pesar del salvaje asedio a que la somete el ejército del régimen.

Tampoco puede soportar que esa ciudad, la tercera en importancia del país y ubicada a 211 km de la capital, siga desmintiendo con hechos los repetidos anuncios que la maquinaria propagandística oficial viene haciendo sobre su captura definitiva.

Por eso, durante este día jueves 14 de abril, los lanzacohetes Grad de fabricación soviética castigaron la ciudad con una intensidad poco veces vista, con un bombardeo que se prolongó por un lapso aproximado de 90 minutos.

Debe tenerse en cuenta que esos proyectiles carecen de sistema de guía y suelen utilizarse desde grandes distancias para tender verdaderas barreras de fuego que baten cuadras enteras con sus ojivas de alto explosivo o con submuniciones de metralla, matando o mutilando sin distinguir entre combatientes y civiles.

Esta vez, el sector que sufrió el mayor castigo fue el puerto y sus alrededores, donde también se ubica el campamento de inmigrantes que se refugiaron allí al comienzo de las hostilidades y que siguen esperando que sus gobiernos se acuerden de ellos y los saquen del infierno.

Tan devastador y mortífero fue el ataque, que desde organismos de ayuda humanitaria y desde el gobierno rebelde se advirtió que Gadafi estaba por concretar una masacre en la ciudad sitiada. Hasta el momento se han contabilizado 23 muertos y decenas de heridos (entre los que se incluyen refugiados egipcios) y las actividades en el puerto debieron suspenderse debido al bombardeo.

Ese puerto constituye otra bofetada al orgullo de Gadafi, ya que esa única vía de acceso libre es la que permite que los sitiados reciban la algo de ayuda humanitaria , armas y refuerzos. Por eso la furia desplegada hoy contra ese punto vital de la resistencia en Misrata, para destruirlo u obigarlo a cerrar y así completar el cerco, para terminar por rendir a quienes osaron levantarse en su contra.

Al terror de los cohetes se suma, desde hace tiempo, el flagelo de los francotiradores, que desde los tejados, azoteas y tanques de agua acechan a quienes se atreven a recorrer las calles destruidas, aplicando el mismo método criminal y terrorista que se empleó hace años en Bosnia.

Entre los que defienden la ciudad puede faltar comida, medicamentos y municiones, pero lo que no parece faltar es el ánimo de continuar resistiendo los embates de algunas de las unidades más poderosas de Gadafi, como la Brigada Khamis, la misma que llevó a cabo la sangrienta recuperación de la localidad de Zawiya, el mes pasado, donde aún hoy continúan las desapariciones forzadas de personas y los asaltos a las casas de los sospechosos de oponerse al régimen.

Los esfuerzos de la OTAN, al parecer, estuvieron más concentrados hoy en Trípoli y en ciudades del sudoeste libio, donde también los rebeldes soportan el asedio de los gadafistas.

Sin embargo, el símbolo de la lucha rebelde, el corazón de la revuelta, late sangrante pero aún vivo en Misrata, en medio de las ruinas provocadas no por una potencia extranjera, sino por el líder de su propio país.